Ahora que nada tengo… que nada espero y nadie me aguarda,
que nada busco ni nada deseo, que nada existe ni nada me salva.
Ahora que nada vale lo que dicen, que nada hay que la pena valga.
Ahora que siento el corazón latente
presa de una tristeza infinita que,
con fríos grilletes y pesados eslabones,
lo encadena indefinidamente a un muro húmedo
que refleja un manto de lágrimas dulces…
sí, ahora recuerdo que viví un día.
Ahora que siento una sustancia,
un barro gélido, viviente, extraño,
que enloda el fondo de mis pulmones
como se enloda una alcantarilla,
y no permite el paso del aire puro
a todos mis rincones de ambientes cargados…
sí, ahora recuerdo que viví un día.
Porque qué es vivir sino sentir la dicha
que un día sentí y ahora he perdido,
qué es vivir sino sentir el latir
que ya no se oye en mi corazón abatido.