
tan hermosa... sólo apta para sensibilidades extremas. A mi, que soy atea, me dieron ganas de buscar a dios, de tratar de tocarlo con las puntas de los dedos. Sólo un poquito, para ver qué se siente. Del mismo modo que pude sentir el viento.
El paraíso es suave y blanco, como las manos de la abuela de Mohamed.