Invitados de honor

viernes, 13 de febrero de 2009

Mi primer recuerdo es el de unos ojos oscuros y entrecerrados que me miraban fijamente a través de los barrotes de mi cuna. Yo era tan solo un bebé (seguramente no pasaría de los dos años) y sé que puede parecer increíble, ¡pero es verdad, me acuerdo perfectamente! Esos ojos oscuros me llamaban poderosamente con su brillo intenso, como los colores del móvil musical que bailaba sobre mi cabeza. He oído a mi madre contar que por esa época le di un susto terrible. Según parece metí la cabeza entre los barrotes de mi cuna y a punto estuve de asfixiarme. Me han explicado que antes las cunas no eran como son ahora, antes no tenían la distancia entre las barras homologada para que no pudieran ocurrir este tipo de accidentes. El caso es que, de alguna manera, puede que atraído por aquellos ojos que refulgían, metí la cabeza entre las barras y, no se sabe muy bien cómo, por poco no me muero.

Algunos años más tarde les di otro pequeño susto a mis padres pero no fue culpa mía, de verdad. Estaba jugando con mi “amigo imaginario”. No sé por qué mi familia se empeña en decir que es imaginario, que yo lo vea y ellos no no quiere decir que sean imaginaciones mías. En fin, resulta que estábamos jugando a un juego nuevo que él había inventado. Lo habíamos llamado: “¿Quién es el más valiente?” Yo quería ganar así que cuando me dijo que la prueba consistía en probar a qué sabe la lejía no me lo pensé dos veces. Abrí el armario donde mi madre guardaba los productos de limpieza y le di un buen trago. Aquel día me hicieron el primer lavado de estómago. Todavía me duele la tripa de pensarlo pero no estoy enfadado, sé que sólo fue un accidente. ¿Por qué iba a querer hacerme daño mi mejor amigo?

Cuando tenía once años aún seguía conmigo, a pesar de que a mis padres no les gustaba nada que yo siguiese empeñado en tener un “amigo imaginario”. Decían que ya era mayor para esas cosas. Pero me lo pasaba también con él… Gracias a él nunca me he sentido solo. Nos encantaba jugar a pillar por la azotea, y también hacer competiciones para ver quien aguantaba más buceando sin salir a respirar. Hasta que me enfadé con él por hacerme la zancadilla cuando caminaba haciendo equilibrios sobre el borde del muro que rodea mi casa. Desde entonces noto que ha cambiado; es más duro conmigo, más exigente, como si estuviera ya harto de mí. Me pide cosas cada vez más complicadas. Como el otro día, cuando me propuso que saltáramos dentro de este pozo para ver si encontrábamos algo interesante dentro. A mí no me pareció una buena idea, pero pensé que a lo mejor así le podría demostrar que confío en él. Por eso hago todo lo que me pide, para ver si así se le pasa el enfado, porque no quiero que se vaya y me deje solo. No sabría qué hacer sin él.

Ahora estoy algo más contento, seguro que las cosas volverán a ser como antes, aunque también estoy un poco preocupado. Hay sangre, y me cuesta respirar. Creo que me he roto una costilla como la otra vez. Él dice que no pasa nada, que no me preocupe, pero… tengo miedo y hambre. Dice que si me trago mi propia lengua aguantaré algunos días más, a lo mejor los suficientes hasta que alguien nos encuentre y nos ayude a salir de este pozo. Tengo miedo de hacerlo pero… ¿Y si se enfada y me deja aquí?

5 comentarios:

Cathan Dursselev dijo...

Me ha encantado. Sobre todo el final...

Espérame en Siberia dijo...

Hasta me dieron escalofríos con tu historia jajaja.
Y sí, es un deber el leer Rayuela. Bueno, no tan así, pero vale muchísimo la pena. Te lo dice alguien que se enamoró de Oliveira.

Yo digo que lo empieces ahora mismo =D

Muá.

Myuu dijo...

Versus!! que historia más interesante ¿la has escrito tú o la has cogido de alguno de tus libros? me ha encantado (^-^)

Ayrim dijo...

Que grande!!!, me ha encantado...sobre todo lo de la cuna...

un beso wapa!

El árbol de Diana dijo...

jajajajjaja....

el primer lavado de estomago...


el bebe casi muere de asfixia!


pero mira q serias inquieto!!!


y lo mejor, es q siguen las anecdotas.. ya nos contaras si logro salir del pozo finalmente....


saludos!